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¿Deuda histórica con las matronas?... ¡claro que sí!

por Matronas Web Última modificación 12/02/2010 01:45
— archivado en:

Otra carta al diario Montañes en las cuales uestras compañeras se defendían de las críticas y presiones a las que estaban siendo sometidas

¿Deuda histórica con las matronas?... ¡claro que sí!

EL diario montañes

 

Érase una vez una comunidad de vecinos que todo el mundo conocía por la denominación que se oculta tras las siglas SCS (Servicio Cántabro de Salud). Esta comunidad se encontraba constituida por cada una de las personas trabajadoras que, dignamente, desempeñaban su función, aunque para ello se veían obligadas a mantener una lucha constante por proporcionar una atención humana y de calidad a quienes acudían a ellas. Para el desempeño de esta labor, todos los miembros de la comunidad eran importantes, pero especialmente trascendente resultaba el poder contar con un comité de presidencia que fuera capaz de solucionar cualquier problema con diligencia, en pro del bien común.


Sin embargo, sentimos que es preciso dejar las metáforas a un lado para hablar, si cabe, más claro todavía de lo que lo hemos hecho hasta el momento: las personas que forman parte de las gerencias del SCS deben asumir la responsabilidad de gestionar con eficacia la comunidad que presiden, y de hacerlo más allá de cualquier interés económico o político.


El colectivo de matronas se siente desoído, manipulado, agotado de lidiar con gerentes expertos en el escaqueo, que se jactan de la imagen pública de solvencia que ofrece la Consejería de Sanidad pero que, sin embargo, son incapaces de llevar a cabo una política honesta y transparente para cumplir unas promesas de mejora que, al final, redundarán en beneficio de las mujeres. Desde aquí hay que decirlo: si los servicios sanitarios funcionan como lo hacen no es por la excelencia del presidente de la comunidad, sino por el esfuerzo de todos los vecinos, que se van turnando como pueden para arreglar las goteras del ático y las fugas del tercero. Estamos hablando de un colectivo que desempeña su trabajo de modo casi vocacional, que lleva años sufriendo impotente la degradación de sus condiciones laborales.


Últimamente, y ante la insistencia de nuestras reclamaciones, hemos sido objeto de comentarios que sin duda pretendían dividirnos y difamarnos. Sin embargo, somos conscientes de que nuestra fuerza procede precisamente de nuestra unión y ésta, a su vez, lo hace de la convicción de que nuestras peticiones son legítimas. Esa legitimidad, y el hecho de ser capaces de sostener medidas de presión que en ningún momento han pasado por la huelga, nos han ayudado a conseguir pequeños avances. Lo que nos preguntamos es ¿por qué se toman tantas molestias en tergiversar la realidad para no atender nuestras demandas? ¿Qué credibilidad pretenden mantener si prometen hacer una cosa y luego son incapaces de llevarla a efecto? ¿Por qué no ser honesto y declarar su incapacidad para realizar ciertas transformaciones a priori? La respuesta a nadie se le escapa: prometer equivale a acallar voces temporalmente, a dar largas y, mientras tanto, vanagloriarse del buen funcionamiento del sistema ante los potenciales votantes de las próximas elecciones. Y que sea el colectivo de matronas el que siga arreglando las goteras con cinta aislante por un tiempo.


Con las cartas públicas que hasta el momento hemos enviado a la prensa hemos pretendido poner de manifiesto que nuestro colectivo no vive en la gloria sanitaria, como creían erróneamente sindicatos y compañeros de otras áreas.
Y hemos querido también tranquilizar a la opinión pública, porque las matronas no van a actuar de modo que las mujeres puedan salir perjudicadas. No se trata de dañar a nadie para conseguir beneficios. No creemos que ningún fin justifique ciertos medios. Es precisamente con honestidad y con la convicción de estar cargadas de razón que reiteramos la petición ya formulada a los responsables del SCS y, por favor, les rogamos que, en lugar de difamarnos, se sienten a dialogar con las personas que nos representan sindicalmente.


Hemos demostrado que tenemos valor para pedir justicia, paciencia para obtenerla de forma legítima, y lo único que podemos decir ante los constantes intentos de intimidación a que nos hemos visto sometidas es que nos parecen, cuanto menos, vergonzantes. Entérense de una vez de que ya somos mayorcitas para tener pataletas: nuestras peticiones no son una rabieta esporádica, sino que responden a malestares y necesidades de fondo que no pueden ser acalladas con artimañas político-administrativas.


Dejen ya de tratar de deslegitimarnos moralmente y atiéndannos como el colectivo y la comunidad de usuarias se merecen. Somos una comunidad pequeña, pero cargada de razón, y nos mantendremos unidas a la espera de que, por fin, decidan sentarse a negociar honestamente con nosotras, con intención de resolver problemas y no de postergarlos, como han estado haciendo hasta el momento. Estamos hastiadas de tener que decir, de nuestro propio edificio: 'Aquí no hay quien viva'. Con la diferencia de que esto no es una serie de humor, sino la serie de los días de nuestra cotidianeidad, y también la de todas las personas que en calidad de usuarias y ciudadanas acuden a nosotras.


Esta carta está firmada por 56 matronas


del Servicio Cántabro de Salud Estamos hablando de un colectivo que desempeña su trabajo de modo casi vocacional, que lleva años sufriendo impotente la degradación de sus condiciones laborales

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